Hace pocos días se ha publicado el informe “Movilidad responsable”, que trata el fenómeno universal de la movilidad desde una óptica distinta. La movilidad geográfica es una función necesaria para las sociedades pero a su vez se halla en contradicción con el bienestar de las mismas, en términos de congestión de redes y deterioro medioambiental.
El estudio muestra algunas potencialidades que la movilidad ofrece para generar efectos beneficiosos, no sólo sobre el medio ambiente y la salud, sino también sobre la calidad de vida de las personas.
La selección de casos presentada en esta obra se organiza en torno a diversas tipologías. La primera de ellas se refiere a programas realizados en ciudades en las que se promueven actividades que ayudan a enriquecer la movilidad urbano con componentes cívicos, integradores, de salud pública o culturales. Es el caso, por ejemplo, de “Scendi dall’auto e… vivi” (Bájate del coche y vive), un programa del ayuntamiento de Varese (Italia) en el que se pretende que centenares de niños y adolescentes acudan cada mañana a sus escuelas e institutos a pie, en vez de en automóvil. Este objetivo tiene importantes implicaciones para la vida cotidiana de la bella ciudad lombarda: menor congestión automovilística a primera hora, un menor nivel de polución ambiental, la posibilidad de que los niños y niñas realicen cierta actividad física a diario y, también, que conozcan y respeten mejor la ciudad en la que viven. Un completo programa pedagógico supervisa y refuerza el progreso de estos muchachos.
Otra de las tipologías está integrada por casos en los que alguna disciplina deportiva que implique desplazamiento se ha convertido en una herramienta para la solidaridad, la integración social o la transmisión de valores humanos. A destacar, en este sentido, “The Mongol Rally”, una prueba de aventura en la que vehículos de corta cilindrada compiten desde Londres hasta Ulan Bator (Mongolia) con la finalidad solidaria de entregar recursos económicos y técnicos a las comunidades de destino. Y no sólo el motor ha sido protagonista. También el ciclismo ofrece interesantes ejemplos como el del “ciclo-periodista” Sergio Fernández quien, con su Reto 7 Desiertos consiguió cruzar en bicicleta los siete principales desiertos del mundo para poder divulgar, con su actividad posterior, diversas filosofías de vida que conviven en nuestro mundo.
El turismo, otra de las actividades clave en el mundo actual, ofrece otra tipología interesante. Proyectos como “Ayuda a los niños del Atlas” o “El desierto de los niños” proponen complementar la actividad vacacional de ciudadanos españoles con la práctica de valores solidarios mediante la organización de expediciones turísticas que permiten realizar contribuciones materiales que mejoran la calidad de vida de los pueblos visitados.
Todos estos casos, marcados por su relación común con la idea del desplazamiento físico, han sabido detectar y materializar una extensión hacia las problemáticas de personas que, de otra manera, podrían haber quedado excluidas del acceso a los medios materiales o a la consideración social.
Estos proyectos permiten destacar el potencial del fenómeno de la movilidad como oportunidad para la mejora de nuestro entorno social, económico y ambiental. El informe es también un reconocimiento a emprendedores sociales cuya inquietud y pericia han demostrado que la movilidad puede ser sostenible pero, también, responsable.









